LA HISTORIA DE LAS VELAS EN JUCHITÁN

Juchitán se conoce como el lugar de las flores blancas; y el nombre de jazmín de Tehuantepec que se convierte en frutos pequeños como grano de maíz, se traduce en la dulce lengua zapoteca como Guièe xhuba.
Los primeros zapotecas se aposentaron el valle de Oaxaca hace 1500 años antes de la era cristiana. Primero estuvieron en Teotitlán del valle, donde aún quedan restos de su lengua ejemplos humanos de su cultura y su sensibilidad, y más tarde se trasladaron a zaachila, la ciudad de la fortaleza que se asentó sobre cuatro lagartos.
Los zapotecas afirman que nacieron de las raíces de vetustos árboles como la Ceiba y el tule, y aseguran que su estirpe proviene de las entrañas del lagarto, del olote y del tigre silvestre.
Según cuentan ellos mismos, padecieron el diluvio universal y de la tierra, al sacarle el agua, uno a uno salieron los animales, brotaron los hombres y se encendieron las flores. Juchitán se conoce igualmente como el lugar de las flores blancas, y el jazmín del itsmo de Tehuantepec que nace de un árbol cuyas flores se convierten en pequeños granos de maíz, se traduce en la dulce lengua zapoteca como: Guièe Xhùuba.
En las famosas batallas realizadas en la época prehispánica, los zapotecas se distinguían por una corona de flores en la cabeza; Así aparecen en los glifos y códices conmemorativos. El emperador azteca Ahuizòtl, se enamoró de esa flor blanca y la quería tener en su hermoso jardín en Tenochtitlán porque creía que la victoria constante en las guerras cruentas la otorgaba GUIÈE XHÙUBA. De ahí surgieron las famosas guerras floridas entre los aztecas y los zapotecas que en los canales de la época prehispánica quedaron registradas para siempre. Pero la flor nunca salió de las tierras zapotecas como símbolo de posesión, protección y amor a la naturaleza.
Antes de la llegada de los conquistadores españoles y los misioneros religiosos, un grupo de la antigua estirpe de Zaachila se dirigió al sur del mar océano, salieron por cuestiones del dominio territorial, sobre vivencia y designios del destino. Allá había mucha vegetación, árboles frutales, pesca y caza de venados, tortuga, liebres, armadillos, iguanas y existía todo lo comestible, sano y proteínico.
Las flores enmarcan la vida de los hombres y las mujeres zapotecas de Tehuantepec y Juchitán los poblados más grandes de esta cultura y lengua milenarias. En las fiestas de mayo, las de primavera las mismas que festejaron los griegos y otros pueblos cultos en los desfiles de las fiestas tutelares, las muchachas arrojan frutas y flores naturales y papel de colores. La carreta en la que van es como un barco terrenal cargado de doncellas, flores y oro.
En el mercado, las mujeres portan en las trenzas flores rojas y verdes para atraer a la clientela y a los enamorados. El acto más sublime de la mujer zapoteca está rodeado de flores, cuando ocurre el rapto, una sabia practica moral que muchos creen bárbara, la mujer se rodea de tulipanes, rosas bugambilias como en las mil y una noches para significar que llego pura, limpia y casta a la hora del tálamo. Los familiares amigas y compañeros de la casa festejan con danzas rituales a la virginidad portando en la cabeza coronas de flores encendidas de aromas y pasión. Se bebe vino rojo y se baila el son del guachinango ( behùa dxiñaa).
En todas las actividades de los zapotecas principalmente en Juchitán la presencia de las plantas, frutos, peces y lagartos adquiere dimensiones simbólicas.
Las fiestas en Juchitán son eternas, duran 7 días como la antigua Roma de los Cesares, se vive en una orgía perpetua de danza, música, vino e incienso. Es un hedonismo ejemplar donde se piensa que es mejor morir en plena fiesta que en la cama enfermo. El amor a los placeres que proclamaba Epicuro aquí tiene su templo y reinado. Desde siempre los zapotecas rindieron culto a los árboles porque practican la dendrolatría; los árboles son sus padres. Sobre todo aman a los árboles frutales. Por ello es que durante la primavera, de marzo a mayo cuando la tierra y el cielo estremecen de amor se festeja a los árboles. Son fiestas nocturnas donde se danza, se baila, se come y se bebe en nombre de los árboles, las frutas y animales que colman su entorno.

Las velas del istmo de Tehuantepec y Juchitán principalmente, son el resultado de esos rituales y adoraciones de los elementos de la pródiga de la naturaleza. Se adora a los peces y al mar. De esa costumbre surgieron las velas que no son mas que invocaciones hacia los dioses de maíz, el mar y el lagarto. La comunidad rinde pleitesía a sus Dioses, y cada barrio o colonia del pueblo organiza con dedicación efectiva al ritual hacia sus árboles y animales protectores. Muchas veces la iglesia adopta a un santo en sustitución de un animal o una fruta. Pocas de estas festividades son puras pero quedan huellas de lo antiguo como memoria de lo perdido.
Muchas de aquellas fiestas se han transformado. La iglesia para corresponder a tales festejos agrega las velas, cirios y veladoras como acción de gracias por el año que empieza. Así es como el comienzo de la primavera se ha convertido en la adoración de san Vicente patrón de Juchitán; La vela de la época de lluvias se ha convertido en la de san. Juan; la del maíz en la de san. Isidro Labrador, y así sucesivamente.
Las velas originales tuvieron un fin utilitario, programático: pedir lluvia, mejor cosecha, mejor caza, vida, luego vendrían las celebraciones. Los oficios fueron celebrados fueron celebrados y cancelados a medida que las nuevas empresas e industrias desplazaban a las actividades artesanales y manuales. Pocas de estas velas quedan hoy en día. La llegada de familias foráneas implantó velas con apellidos de prestigio y abolengo para incorporarse socialmente a estos personajes. Fue así como también vinieron a agregarse al calendario de las velas los hechos históricos como la batalla de 5 de septiembre, fecha que recuerda la defensa de Juchitán contra la invasión francesa. De vez en cuando se agregan y se suprimen velas de gestas sociales y políticas sociales recientes, pero todas se respetan con gran ímpetu, fervor, cariño y tradición.
En las antiguas celebraciones del pueblo de Juchitán se realizaban ritos y ceremonias destinadas a enaltecer a los dioses, se danzaba, se consumían frutas en la vela ( biáadxi ) se repartían ciruelas, la fruta del viejo árbol que precedía el centro el centro de la enramada o toldo de la tela gruesa. Esa noche como un milagro, el viejo árbol se encendía de una roja ciruela como agradecimiento y anticipándose a su propia celebración humana.

Hoy en día las velas han perdido su significado primordial. Se han olvidado los dioses tutelares y prevalecen los santos católicos y hechos nuevos. Las velas han aumentado porque se incremento la población y escasean los espacios. Antes se realizaban bajo los árboles y en plena calle.
En las velas grandes las
mujeres se engalanan con sus mejores prendas, telas y oro, que abran de atraer
al futuro enamorado. El varón usará camisa blanca, guayabera pantalón negro y
riguroso casimir. Durante el mes de junio, julio, agosto y septiembre ocurren
otras velas que son más religiosas y de fechas patrias. Una de las más
originales por su connotación antigua, es la peregrinación al mar donde con
alegría se baila, se bebe y se come en abundancia.
Los preparativos de cada vela se organizan en detalle durante un año entero. Se recolecta dinero y especies como pollo, huevos, cohetes, velas, etc. Se ahorra todo para utilizarlo en la semana intensa donde se desarrollan los trabajos últimos dedicados al día de la vela. Las enaguas de flores grandes, verdes, guindas, amarillas, rojas estampadas y también el huipil, se confeccionan durante el año anterior a la celebración. La luz que despiden los vestidos y el oro hacen que las mujeres parezcan salidas de cuentos de hadas o cenicientas del Siglo XX.
Se da de comer a toda la concurrencia desde los 3 días anteriores a la vela. En las noches se regalan refrescos solos o con bebida alcohólica. Durante la vela la futura novia es colmada de atenciones, todo se obsequia a los amigos, invitados de localidad o de afuera. Es motivo de cohesión, comunicación y entrega cordial e amistad y cariño.
A las 8 de la noche, hora en que se inician las velas, la banda de música toca las piezas tradicionales, la sandunga, el fandango, la llorona, la petrona y la petronera, que hacen bailar solamente a las parejas de mujeres jóvenes, las ancianas abren y cierran las fiestas de las velas, las cuales concluyen a las 8 de la mañana del otro día. Los principales y mayordomos llegaron con música y regresan a sus casas al amanecer, al son de las trompetas, clarinetes, redoblantes y cohetes ruidosos que entonan el lucero de la mañana unos llegan a sus hogares con sueño y alegría otros se levantan para iniciar otra vela, obedeciendo así el compromiso adquirido el año pasado. Así van cumpliendo los honores a la naturaleza, a sus dioses y a sus cuerpos ávidos de comer, beber y divertirse.

(Coronación de la Reina)
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